Ring Landscapes


  • Posted
    on Sun, Aug. 07, 2005

    Ring Landscapes


    ADRIANA
    HERRERA T.

    El Nuevo Herald

    La serie Ring Landscapes de Sebastián Spreng, que se exhibe en Friesen
    Gallery
    en Seattle, todo el
    mes de agosto durante la temporada de ópera de esta ciudad, representa el
    místico intento de pintar, en la cumbre de su madurez artística, la
    exaltación que transmite la obra musical Der Ring des Nibelungen,
    para cuya representación completa se
    construyó el teatro Bayreuth.

    Si el músico alemán le dedicó 26 años de su
    vida y la titánica voluntad necesaria para crear “la obra total” de la
    que fue compositor, dramaturgo, guionista y escenógrafo; Spreng se consagró a
    recrearla con tanta humildad como fervor durante seis intensos meses, aunque
    toda su vida llevó consigo el sueño de pintarla.

    Como los justos del poema de Borges, él
    agradece que en la tierra haya música”
    . De niño vio la felicidad en las lágrimas
    que corrían por el rostro de su abuelo, inmóvil frente a la radio que
    transmitía una ópera, con la expresión transfigurada, en presencia de ese
    lugar sin tiempo donde la belleza toca todos los sentidos.

    Spreng, que nació en Esperanza, de la
    provincia de Santa Fe, Argentina, fue también escenógrafo de El aguila de
    dos cabezas
    de Jean Cocteau,
    cuando aun no tenía 20 años, y llevaba dentro de sí las leyes de la
    perspectiva de tal modo que diseñaba planos sin haber pisado una escuela de
    arquitectura. Así que como Wagner, a quien debe la temprana experiencia del
    éxtasis, posee la visión del arte total.

    Pero al enfrentar el reto descomunal de
    pintar la música del poema medieval que narra la gloria y la muerte del héroe
    Sigfrido, la senda del conocimiento de lo divino y la redención por amor tras
    el hundimiento del cielo de los dioses, Spreng no quiso hacer una puesta en
    escena y eludió la tentación de ilustrarla.

    Antes de trazar la primera imagen, guardó
    silencio y empezó casi de la nada. Oyó “el acorde largo y misterioso
    con que comienza el oro del Rhin, ese sonido sacro que prodigiosamente acaba
    de ser grabado en la constelación de Orión”
    , y de esa nota, que quizás estuvo al
    comienzo de todo lo existente, partió para pintar una de las obras musicales
    más grandiosas, con los mismos elementos simples con los que ha creado un
    lenguaje de conmovedora pureza, capaz de hacer sentir, a quien contempla sus
    árboles o sus rocas en parajes atemporales, toda la pulsación de las
    emociones humanas.

    Como los jóvenes de los cuentos de hadas
    iniciáticos -los menores, los más sencillos, pero también los que poseen el
    don secreto- se encaminó al cumplimiento de su difícil tarea pensando en
    mantenerse fiel a ese lenguaje inconfundible que ha tallado en soledad, sin
    otra escuela que la disciplinada exploración de la sensibilidad y de la
    singular habilidad que ya en los terribles años de su adolescencia le
    permitía pintar pueblos blancos y arquitecturas imaginarias que encandecían
    la imaginación.

    Con una dedicación rayana en el delirio, forzando
    su cuerpo hasta el límite de sus posibilidades físicas, se consagró a pintar
    durante 180 días y noches, 44 cuadros que persiguen el resplandor de ese oro
    de los dioses del que Sigfrido se apoderó en las regiones del Rhin.
    Contemplar los pasajes heroicos que Spreng recrea, no con el ojo externo,
    sino con la conmoción interior que provocan, obliga a remontarse al antiguo
    tratado anónimo Del sublime, que intenta apresar ese “no se qué” que
    hace al arte capaz de producir lo inefable.

    En sus cuadros no sólo habita la música que
    produjo la épica del mundo germánico, sino la fuerza de los mitos y símbolos
    que estructuran las civilizaciones y labran el inconsciente de los hombres y
    la misteriosa sicología de sus vínculos. Su obra escapa a escuelas. Puede hilarse
    por igual con las atmósferas de De Chirico, el sueño de Magritte o el halo de
    Rotkho; pero alcanza el contacto con lo más íntimo de sí mismo que es, a un
    tiempo, común a todos los seres humanos.

    En El cantar de los nibelungos, el divino Wotán debe perder su ojo para
    tener el conocimiento, pero al ser incapaz de renunciar a los dos ojos -de
    cegarse por completo a lo aparente- no puede tener la visión interna
    completa. Spreng pinta en volcánicos marismas el ojo de Wotán recordando la
    frase de Wagner: “Creo que todo es ilusión”
    .

    Como el legendario alemán, sabe que la verdad
    reside en las profundidades, pero también que no se desciende a éstas sin
    levedad. Por eso emprendió su odisea artística como quien se dispone al
    juego. “El arte es un juego, pero es el juego más serio”
    , dice. Pintó ese volumen de obras con una
    inspiración febril que no le permitía detenerse, e ignorando las limitaciones
    físicas que le impone su distrofia muscular, alcanzó esa dimensión que acerca
    el arte a la ofrenda y abarcó en su obra una escala de sensaciones que va
    desde la exaltación ante la grandiosa marcha de las Walkirias, hasta los
    gestos de humor que vuelven humanos a los dioses.

    En ese punto en que el arte se convierte en
    sacrificio, en sacro-oficio, conecta al ser humano con lo sagrado. Quizá por
    ello, uno de los cuadros cuya creación desató un grado más alto de emoción
    fue Siegfried Out to de World
    , donde pintó al héroe saliendo al mundo, dispuesto a entregar toda su
    voluntad a un destino que lo supera.

    En esta exposición que recorre la senda del
    misterio, el espectador no se enfrenta simplemente a una serie cohesionada
    por un tema, sino a un modo de articular la estructura wagneriana en la
    organización de conjuntos pictóricos, a una obra que funciona como un todo de
    prodigiosa estructura.

    Si Wagner recomendó dar preferencia a las
    notas pequeñas respecto de las grandes, y prohibió aplaudir al final de cada
    acto, para preservar “una sencillez solemne y digna” y el efecto de lo
    sublime; Spreng ha condensado la belleza y el misterio de la obra wagneriana
    en esta serie que desarrolló en subconjuntos de pequeñas dimensiones. Algunos
    tienen un solo elemento. Son los cuadros que condensan en una imagen los ejes
    axiales del mito, como el que sirve de umbral a todos los Paisajes del
    Anillo
    .

    Gates to the Ring es un homenaje a Caspar David Friedrich, el
    único pintor romántico que dibujó un arco iris emergiendo de las
    profundidades de la noche. Con esta imagen Spreng cruza el umbral e inicia el
    viaje artístico hacia las profundidades. Otras pinturas individuales son World
    Ash Tree,
    el portentoso
    árbol del conocimiento del mundo, cuya naturaleza es de fuego; Brühnhilde’s
    Rock
    , que captura los
    mundos infraterrenales, la tierra y el cielo y condensa en el sueño de la
    amada la descomunal acción que se desatará; Winterstürme
    , el umbral donde el destino de dioses y
    hombres está a punto de fundirse; Sigmund and Sieglinde,
    con su reflejo de un sol invisible en el
    horizonte que ilumina el curso del río en cuyas orillas están los espíritus
    de los gemelos amantes, padres de Sigfrido; The Rhine
    , la representación del río mítico, un anillo
    rojo que serpentea entre el valle pintado de negro de donde emergerá el
    tiempo de los hombres; y Twilight of the Gods
    , la magnífica representación del ocaso de
    los dioses entre una bruma venida de otras orillas.

    Los conjuntos de trípticos son episódicos: Siegfried’s
    Rhine Journey
    , los
    cuadros dorados de la travesía del héroe; o la serie de The Rope
    , que representa las figuras femeninas que
    tienden, hilan o cortan los destinos humanos. En consonancia con la
    estructura de la ópera de Wagner, compuesta como una tetralogía, Spreng pintó
    otros conjuntos de cuatro cuadros que evocan secuencias temporales y
    simbólicas como Ring Eclipses
    , y la conmovedora serie Prelude to the Twilight of the Gods, que contiene en composiciones de enorme
    sencillez, la perfección de un orden cósmico.

    Basta contemplar la diminuta figura de
    Sigfrido entre las altas rocas que sirven de intersticio a la inmensidad, o
    la silueta del árbol solitario en un cielo azul eléctrico atravesado por una
    franja de oscuridad que anuncia el preludio del fin, para sentir el
    sobrecogimiento ante la obra de este pintor y crítico musical que encontró en
    Wagner las notas de su propia alma.Rebasado por su grandeza, le rindió
    homenaje con la humildad de ofrendar la médula de su propio lenguaje para
    condensar en él la indecible belleza de esa música, proveniente del mismo
    mundo de dioses que Wagner oyó dentro de sí. Eso le basta para expresar la
    ansiedad de los amantes que huyen bajo la luna y no saben aun que son
    hermanos, o la solemnidad de la espada de luz que oficia en un cielo rojo la
    muerte de Sigfrido, sin dejar de lado la risa que permite nombrar lo más
    tráfico, con un gesto de humor en Bye, bye Wallhalla
    .

    En las 14 pequeños cuadros que conforman la
    sub-serie Ring Racconto
    , se advierte la prodigiosa capacidad de Spreng de crear obras de
    amplísimas modulaciones emocionales, a partir de composiciones sobrias,
    tensadas por la contención. Su alfabeto de símbolos está hecho de unas
    cuantas formas mínimas: árboles, cielos y aguas difusas, rocas y cimas. Temas
    simples, pero sujetos a una luz que se mira como si nunca antes se hubiera
    contemplado; a colores que despiertan la nostalgia de un lugar olvidado en el
    interior del ser humano al que se quisiera volver. Spreng admite que pinta
    siempre el mismo cuadro. El arte es lo que va quedando, como residuo en el
    alma de quienes se estremecen contemplándolo. Queda más pintura en el trapo,
    en el filo de las cuchillas que retiran los pigmentos de una técnica no
    transmitida por ningún maestro, que en la obra de este artista que, como un
    aprendiz de lo sagrado, aspira a la totalidad de un lenguaje que sintetiza en
    sus trazos puros, música, arte y filosofía.

    Si no fuera posible escribir más que dos
    líneas sobre esta exposición que debe ser vista como una estructura total,
    bastaría decir que Ring Landscapes es la consagración de Spreng. En esta obra
    él ha dado luz y vida a la definición que Wagner daba a la forma artística
    ideal: “Aquella que puede ser enteramente entendida sin reflexión, la
    que pasa directamente del corazón del artista”.

    Ring Landscapes. www.friesengallery.com.
    Tel: 206-628-9501.





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